Desde tiempos anteriores a todo, el ser humano se ha centrado en separar lo que considera diferente, pero llega un momento en el que ese afán de separación se vuelve enfermizo. Raza, sexo, religión… Una contienda basada en la estúpida idea de que como vemos y entendemos las cosas es como debe ser (y el resto del mundo esta equivocado).

Evolución es una palabra que no debería existir, o por lo menos no deberíamos usar ya que en condición humana somos su lado oscuro, su antónimo. Los lugares “civilizados” no son más que Ghettos sin barreras ni muros, lugares repletos de “sub-culturas” que excluyen al resto del mundo de su condición de falsa perfección. Vagabundos sin personalidad, carroñeros de un arquetipo que explotan una idea hasta que se hace vomitiva y repetitiva.

Por tener el pelo más largo que alguien, por tocar en un grupo de música, por tener alguna camiseta de algún grupo ya se atreven a calificarme, a cuestionarme, a juzgarme erróneamente.

¿Eres un Heavy de esos? No, yo no pertenezco a un atajo de ovejas conducidas por campos de lo típico de su mundo. A mi entender, pegarte una etiqueta en el alma es de desequilibrado neuronal, es gritar a los cuatro vientos que te falta la suficiente personalidad como para relacionarte o revelarte, necesitando así esa etiqueta para encajar en algo. He visto como la gente oculta partes suyas para no estar mal visto dentro de un grupo, como han pasado de pensar libremente a estar encajados en un cerebro comunitario, todo para metamorfosearse en un cascarón egocéntrico.

Me da igual lo que escuches, me da igual tu raza, tu sexualidad, me da igual todo… Solo quiero conocerte, si me caes mal es que no congeniamos, si me caes bien estupendo. Pero por favor, deja de lado ser como alguien y sé como nadie, sé lo que más te gusta (y si a alguien no le gusta como eres, que le fo…en, lo que cuenta es tu felicidad y tu libre expresión, sin estar atado a nada)