Hoy en día, ser un salido está técnicamente mal visto. Que si degenerado, que si guarro… un compendio de calificativos con los que acabas por los suelos, a la altura del betún. No obstante, yo defiendo el mero hecho de ser un “observador de lo bello”.

Pongamos un ejemplo:

Si paseando vemos pasar a nuestro lado un lujoso coche o un deportivo de cine nos quedamos mirando, observamos el atractivo de las cosas. No importa quien sea el conductor de dicho vehículo, se cerciora de que la mayoría de la gente lo mira, incluso lo envidia, esto aumenta su ego y eso le reporta una alegría.

Escotes de vértigo, realces imponderables, ceñidos como si la ropa no existiera, sutil maquillaje caracterizando las facciones (esto en el caso de lo que ven los hombres, hablo de lo que conozco y no pretendo faltar el respeto de nadie ni hacer un posteo machista). En fin, cosas que te hacen mirar, babear… inmerso en el mundo de tu mirada. Comprendo que resulta desagradable ver como alguien te mira de forma descarada, cosa que no apruebo.

También es cierto que el/la que se pone una prenda de características soberbias lo hace en cierto modo para ser ver visto/a, para no pasar desapercibido/a. Y a todo esto, que mejor que con picardía disfrutar del placer visual ¿Tiene algo de malo?